El Palauet de la Muralla

Accediendo a la casa por la entrada principal, el visitante se encuentra con un gran vestíbulo, en el que destacan las losas de piedra que cubren el suelo y la sillería monacal. Un primer tramo de escaleras conduce a una espaciosa sala. Prosiguiendo la ascensión, ahora por un patio interior cubierto, se llega a la primera planta, donde se encuentran las habitaciones principales de la casa.

La parte posterior se asoma al río Segre desde la antigua muralla de la ciudad, compartiendo el paso de ronda de esta muralla con las casas vecinas. Se ha procedido a una cuidada restauración y decoración de la casa, con muebles y piezas adquiridas de anticuarios o de iglesias de la comarca en ruinas, evitando así su desaparición.

En el sótano, de origen judío como reflejan las canalizaciones de agua de que dispone, se encuentran la “bodega”, con dos pozos o aljibes que debieron servir para la conservación de aceite y otros productos de la tierra, y la cuadra; hay también un pasillo, actualmente tapiado, que comunicaba con la iglesia de San José. En una de las estancias del sótano se encuentra, además, una mesa de piedra maciza de una sola pieza. En la parte posterior de la casa destaca el patio interior, delimitado por las gruesas paredes de piedra del edificio y por la muralla, a través de la cual se llega a la zona exterior sobre el río, conocida como “El Portalet”.

Se han recuperado las pinturas originales de los techos, así como las molduras y los artesonados, gracias a la intervención de maestros artesanos como el carpintero Ton Camarasa y el pintor Ángel Soldevila. Se han conservado también los mosaicos y los suelos de madera originarios de las diferentes estancias. Destacan, entre ellas, la sala, con un espejo de Murano, el comedor, con su chimenea de madera maciza, o la biblioteca, con más de mil volúmenes, muchos de ellos encuadernados en pergamino, procedentes del convento franciscano de Santo Domingo y del convento de las Avellanas.

Características de El Palauet de la Muralla

El Palauet es un alojamiento turístico de hasta nueve personas, distribuidas en cuatro habitaciones, tres de matrimonio y una triple, todas con baño individual.La mejor experiencia es la de pasar al menos dos noches en el Palacete y así dejarse exudar por los años de historia, por las sus diferentes épocas, por el arte y las antigüedades que cuelgan de las sus paredes.

  • Si sois los únicos ocupantes podéis utilizar la cocina para haceros una comida o una cena, que también puede ser encargado.
  • Se puede disfrutar de la biblioteca, formada por libros centenarios, que proceden en su mayoría del Convento de las Avellanas y que fueron milagrosamente salvados por los franciscanos de su quema durante la guerra civil.
  • Fuera del invierno, la terraza, que mira al Segre, es un espacio muy agradable, en el que se puede desayunar, hacer un aperitivo o disfrutar de la mejor compañía.
  • Las habitaciones son todas exclusivas y diferentes, con muebles antiguos y originales, pero con nuevas camas y colchones que tienen que hacer el descanso bien cómodo.
  • No deje de visitar los sótanos y el Patio de la Muralla, junto al aparcamiento en el que caben dos coches en hilera.

Organizar celebraciones y eventos

Los grandes espacios y recintos de la planta baja, del sótano y del patio de muralla, permiten organizar celebraciones y eventos de todo tipo con amplia cabida. Se han celebrado cumpleaños, cenas, exposiciones y conferencias: el marco del Palacete ofrece un abanico de posibilidades. También se pueden organizar eventos en las salas y terraza de la planta principal, consiguiendo un entorno exclusivo y memorable.

Deje volar sus recuerdos, sentimientos y esperanzas.

Disfrute del Palauet, sentíos trasladados a otra época!

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